martes, 18 de septiembre de 2012
jueves, 26 de julio de 2012
El Mapa y el territorio
“EL MAPA ES MÁS INTERESANTE QUE EL TERRITORIO” con esta especie de eslogan nuestro protagonista, Jed Martin, nos da la bienvenida a su primera exposición...Entendiendo el territorio como aquello, tangible e intangible, que nos rodea y el mapa como una codificación personal de esta realidad, como un acto personal y objetivo, de filtrado y categorización, como una forma de mirar, de estar y de ser... resulta obvio que el mapa es más interesante que el territorio.
Y es con esta premisa con la que Michel Houellebecq nos presenta su libro. Alternando la novela y el ensayo, “mapea” la realidad y la sociedad contemporánea y, si bien se podría pensar que se centra en el mundo del arte, éste es sólo un pretexto para mostrarnos lo que le gusta y lo que no, sobre todo lo que no, de una forma descarnada, del mundo en esta época “extraña” y convulsa que estamos viviendo... del fin del capitalismo tal y como lo entendemos? Es esta contemporaneidad temática, lo primero que llama la atención y lo que facilita su lectura, ya que al margen de estar de acuerdo o no, el libro es de una actualidad enorme.
A pesar de la crudeza del texto, hay grandes dosis de ironía y sutileza, que suavizan, o por lo menos, hacen más agradable y amena la lectura. Así nos encontramos con Jed Martin, sin madre desde pequeño y con un padre que lo mete interno: “...era un buen padre, sus amigos y subordinados consideraban que lo era; hace falta mucho valor siendo viudo para criar sólo a un hijo...” El personaje principal desarrolla una aparente neutralidad ante la vida y las relaciones humanas que entra en conflicto con su profesión, a priori crítica: ar-tis-ta!, ya que él se define “ante todo, como telespectador!” y “Recordó lo que sabía desde siempre y que Marylin le había repetido claramente unos días antes: siempre estaba mejor callado”. Es, quizás, esta contradicción, lo que le convierte en un “súper-star” del mundo del arte, ámbito este, casi siempre incomprensible para los ajenos a él.
Paralelamente a su ascenso meteórico dentro del arte, y durante las dos primeras partes, también nos encontramos con multitud de “hitos y señales” dentro de este (libro) mapa de la sociedad actual: la nostalgia por lo artesano, por la vieja usanza “Jed experimentó una oscura decepción humana ante la idea de que aquel hombre dejase la fontanería, artesanado noble, para alquilar motores ruidosos y estúpidos a pequeños petimetres...”, el hombre frente a las líneas de producción “...lo que define al hombre occidental, es el puesto que ocupa en el proceso de producción y no en su estatuto de reproductor...” , la pérdida de fe en las relaciones humanas: su padre, Geneviève, Olga… y en el ser humano en general ”al principio estudié geografía. Luego me bifurqué hacia la geografía humana. Y ahora me dedico a lo humano a secas. Bueno, si a esto se le puede llamar humano”, la pérdida de prestigio del transporte aéreo, las prácticas fascistas de las compañías, los restaurantes de moda, los cerdos capaces de sumar (y algunos de restar), las reseñas artísticas, la frustración ante el paso del tiempo “tuvimos que empezar a trabajar, los demás también, y la vida se volvió mucho menos divertida” , la búsqueda infructuosa de la felicidad, lo específico y lo concreto frente a lo general (ya no tenemos un coche sino un Mercedes clase S, o un Audi Allroad A6, la cámara de fotos se convierte en una Samsung ZRT-AV2 que compró en la Fnac, los óleos Mussini de la casa Schmincke, el papel Hahnemuhle Canvas Fine Art, los Dunhill, los Gitanes, el autor de “las partículas elementales” , la autopista A20, el mapa Michelín escala 1/150.000 de la Creuse, Haute-Vienne...) el productor “icono” frente al producto, (Gates, Jobs, Hirst, Koons...) la imagen perdida de la Francia galante que a los extranjeros desilusiona, las aguas noruegas, el exceso de información en las ciudades, la carencia de esta en los pueblos, los productos flipantes de Corea, la postura de sumisión que agrada a los gestores culturales y en general a cualquiera, los entierros malgaches…
Mención aparte merece la propia inclusión del autor como personaje del libro, que junto con Jed, su padre y la caldera, son los únicos personajes que aparecen durante todo el libro. Un Michel Houellebecq que se presenta a sí mismo y ya desde antes de la primera parte del libro como “un buen autor. Es agradable de leer, y tiene una visión de la sociedad bastante acertada” que no duda en ironizar sobre lo que se escribe de él: “Era público y notorio que Houellebecq era un solitario con fuertes tendencias misantrópicas y que apenas le dirigía la palabra a su perro” o “voy a Tailandia...es la temporada turística muerta, los burdeles trabajan a medio gas pero de todos modos están abiertos y a mí me va eso, me conviene, las prestaciones siguen siendo excelentes o muy buenas” , que se representa dentro del mejor, y más cotizado, cuadro del protagonista de la novela y que sirve de argumento principal para la tercera parte del libro, ya que decide “asesinarse”, afirmar mediante Jed que “el mundo es mediocre, y el que ha cometido este crimen ha aumentado la mediocridad del mundo” y enterrarse con un grabado de la cinta de Moebius, representación gráfica del infinito.
Al margen de la novela negra que supone el asesinato del autor del libro, este mismo no deja el estilo irónico y crítico con aquello que narra en este nuevo género: Un detective que no soporta las escenas del crimen, la losa que supone tener un animal doméstico que sustituye a un hijo, el pragmatismo de las funerarias con los ataudes pequeños, el dinero y el sexo como móviles criminales habituales y la frustración de Jasselin por lo poco original de estos, la eutanasia que contamina lagos y no favorece a la trucha roja autóctona, “el valor comercial del sufrimiento y la muerte había llegado a superar al del placer y el sexo”, la imposibilidad de un buen trabajo policial sin café ni alcohol de calidad...
Un final extraño, en el que se soluciona el crimen por casualidad, donde Jed descubre que “su padre nunca había cejado en su empeño de construir casas para golondrinas” donde desea ser útil a la investigación y desde que es rico más (¿signos de optimismo?), y donde nos deja un legado artístico, si bien extraño, con muchísima fuerza poética...
A pesar de lo denso y complejo, de lo ambicioso de los temas tratados, se trata de un libro fácil de leer y muy recomendable, que no deja al lector indiferente...un mapa muy personal dentro de un territorio complicado...
Un saludo y nada más, ya que “de lo que no puedo hablar tengo la obligación de callarme”
Santi, 19 de septiembre de 2012
Y es con esta premisa con la que Michel Houellebecq nos presenta su libro. Alternando la novela y el ensayo, “mapea” la realidad y la sociedad contemporánea y, si bien se podría pensar que se centra en el mundo del arte, éste es sólo un pretexto para mostrarnos lo que le gusta y lo que no, sobre todo lo que no, de una forma descarnada, del mundo en esta época “extraña” y convulsa que estamos viviendo... del fin del capitalismo tal y como lo entendemos? Es esta contemporaneidad temática, lo primero que llama la atención y lo que facilita su lectura, ya que al margen de estar de acuerdo o no, el libro es de una actualidad enorme.
A pesar de la crudeza del texto, hay grandes dosis de ironía y sutileza, que suavizan, o por lo menos, hacen más agradable y amena la lectura. Así nos encontramos con Jed Martin, sin madre desde pequeño y con un padre que lo mete interno: “...era un buen padre, sus amigos y subordinados consideraban que lo era; hace falta mucho valor siendo viudo para criar sólo a un hijo...” El personaje principal desarrolla una aparente neutralidad ante la vida y las relaciones humanas que entra en conflicto con su profesión, a priori crítica: ar-tis-ta!, ya que él se define “ante todo, como telespectador!” y “Recordó lo que sabía desde siempre y que Marylin le había repetido claramente unos días antes: siempre estaba mejor callado”. Es, quizás, esta contradicción, lo que le convierte en un “súper-star” del mundo del arte, ámbito este, casi siempre incomprensible para los ajenos a él.
Paralelamente a su ascenso meteórico dentro del arte, y durante las dos primeras partes, también nos encontramos con multitud de “hitos y señales” dentro de este (libro) mapa de la sociedad actual: la nostalgia por lo artesano, por la vieja usanza “Jed experimentó una oscura decepción humana ante la idea de que aquel hombre dejase la fontanería, artesanado noble, para alquilar motores ruidosos y estúpidos a pequeños petimetres...”, el hombre frente a las líneas de producción “...lo que define al hombre occidental, es el puesto que ocupa en el proceso de producción y no en su estatuto de reproductor...” , la pérdida de fe en las relaciones humanas: su padre, Geneviève, Olga… y en el ser humano en general ”al principio estudié geografía. Luego me bifurqué hacia la geografía humana. Y ahora me dedico a lo humano a secas. Bueno, si a esto se le puede llamar humano”, la pérdida de prestigio del transporte aéreo, las prácticas fascistas de las compañías, los restaurantes de moda, los cerdos capaces de sumar (y algunos de restar), las reseñas artísticas, la frustración ante el paso del tiempo “tuvimos que empezar a trabajar, los demás también, y la vida se volvió mucho menos divertida” , la búsqueda infructuosa de la felicidad, lo específico y lo concreto frente a lo general (ya no tenemos un coche sino un Mercedes clase S, o un Audi Allroad A6, la cámara de fotos se convierte en una Samsung ZRT-AV2 que compró en la Fnac, los óleos Mussini de la casa Schmincke, el papel Hahnemuhle Canvas Fine Art, los Dunhill, los Gitanes, el autor de “las partículas elementales” , la autopista A20, el mapa Michelín escala 1/150.000 de la Creuse, Haute-Vienne...) el productor “icono” frente al producto, (Gates, Jobs, Hirst, Koons...) la imagen perdida de la Francia galante que a los extranjeros desilusiona, las aguas noruegas, el exceso de información en las ciudades, la carencia de esta en los pueblos, los productos flipantes de Corea, la postura de sumisión que agrada a los gestores culturales y en general a cualquiera, los entierros malgaches…
Mención aparte merece la propia inclusión del autor como personaje del libro, que junto con Jed, su padre y la caldera, son los únicos personajes que aparecen durante todo el libro. Un Michel Houellebecq que se presenta a sí mismo y ya desde antes de la primera parte del libro como “un buen autor. Es agradable de leer, y tiene una visión de la sociedad bastante acertada” que no duda en ironizar sobre lo que se escribe de él: “Era público y notorio que Houellebecq era un solitario con fuertes tendencias misantrópicas y que apenas le dirigía la palabra a su perro” o “voy a Tailandia...es la temporada turística muerta, los burdeles trabajan a medio gas pero de todos modos están abiertos y a mí me va eso, me conviene, las prestaciones siguen siendo excelentes o muy buenas” , que se representa dentro del mejor, y más cotizado, cuadro del protagonista de la novela y que sirve de argumento principal para la tercera parte del libro, ya que decide “asesinarse”, afirmar mediante Jed que “el mundo es mediocre, y el que ha cometido este crimen ha aumentado la mediocridad del mundo” y enterrarse con un grabado de la cinta de Moebius, representación gráfica del infinito.
Al margen de la novela negra que supone el asesinato del autor del libro, este mismo no deja el estilo irónico y crítico con aquello que narra en este nuevo género: Un detective que no soporta las escenas del crimen, la losa que supone tener un animal doméstico que sustituye a un hijo, el pragmatismo de las funerarias con los ataudes pequeños, el dinero y el sexo como móviles criminales habituales y la frustración de Jasselin por lo poco original de estos, la eutanasia que contamina lagos y no favorece a la trucha roja autóctona, “el valor comercial del sufrimiento y la muerte había llegado a superar al del placer y el sexo”, la imposibilidad de un buen trabajo policial sin café ni alcohol de calidad...
Un final extraño, en el que se soluciona el crimen por casualidad, donde Jed descubre que “su padre nunca había cejado en su empeño de construir casas para golondrinas” donde desea ser útil a la investigación y desde que es rico más (¿signos de optimismo?), y donde nos deja un legado artístico, si bien extraño, con muchísima fuerza poética...
A pesar de lo denso y complejo, de lo ambicioso de los temas tratados, se trata de un libro fácil de leer y muy recomendable, que no deja al lector indiferente...un mapa muy personal dentro de un territorio complicado...
Un saludo y nada más, ya que “de lo que no puedo hablar tengo la obligación de callarme”
Santi, 19 de septiembre de 2012
Bajo los vientos de Neptuno
Bajo los vientos de Neptuno
Fred Vargas
Sandra, 24 de jul. de 12
Fred Vargas http://es.wikipedia.org/wiki/Fred_Vargas
Fred Vargas
Me encontré con Fred Vargas, como con otros autores, por pura casualidad y enseguida me enganchó. Fred Vargas es el pseudónimo de Fréderique Audoin, una investigadora arque zoóloga que quiso escribir una novela por diversión y que, en aquél momento, estaba trabajando para el CNRS(Centro Nacional de Investigación Científica) y quería llevarlo en secreto. Así que, como la pintora Jo Vargas (hermana gemela de la autora) había adoptado ese alias como homenaje a María Vargas, personaje que interpreta Ava Gardner en la Condesa descalza, ella decidió apellidarse igual que su hermana. Ella se declara admiradora de Agatha Christie y, en cierto sentido, su prodigiosa inventiva se le podría equiparar al igual que la repetición de personajes en sus novelas.
La novela comienza cuando Jean-Baptiste Adamsberg, comisario de policía asentado en París, junto con varios miembros de su equipo, se ven en la obligación de realizar un viaje hacia Quebec, con el fin de aprender los métodos de obtención y análisis de muestras de ADN. Antes de partir se despierta un viejo caso, que él tenía por olvidado, y éste le sigue hasta Canadá...
Vargas se aprovecha del lenguaje para que el lector se sumerja y experimente, de primera mano, el ser extranjero o turista en otro país, utilizando expresiones y localismos que, divierten al personaje y al lector también. Esto crea un ambiente de proximidad. La descripción de los paisajes es bastante concisa del tal manera que el lector se transporta y se sitúa con facilidad. Así mismo, no detalla fechas concretas, pero sí hace al lector intuir una estación, invierno.
En la novela se mezcla lo personal con lo profesional y en ocasiones lo visceral con lo lógico consiguiendo un resultado que, no puede negarse, por lo menos es original. Así mismo la trama, aunque esté bien narrada, se hace obvia al lector por momentos, pero esa obviedad no impide que la escritora lo sorprenda haciendo al lector sospechar, culpar e indultar con una facilidad pasmosa y , en ese sentido, creo que es exactamente lo que Fred Vargas pretende conseguir.
El personaje principal de Fred Vargas es Adamsberg, comisario de policía intuitivo, carismático y sin verdadero método de investigación, lo que permite a la autora llevarte por los más inverosímiles derroteros. Su complemento, su “Doctor Watson”, es el inspector Adrien Danglard, compañero de Adamsberg, metódico, de saber enciclopédico y con un pequeño problemilla con el alcohol. Éstos dos personajes principales se van uniendo a una serie de personajes que, no podríamos decir que sean secundarios, ya que la autora los dota de una importancia propia y todos ellos enriquecen la novela: las ancianitas Clémentine y Josette o la impresionante teniente Retancourt, capaz de desaparecer a pesar de pesar más de cien kilos…
Se trata de una novela bien escrita, que te transporta sin grandes descripciones hacia las calles de París o hacia la helada Quebec. Que te deja la sensación de querer más y que, por lo menos a mí, no me cansa.
Una novela clásica policíaca de fácil lectura y con grandes broches de genialidad.
¿Quién no ha sentido alguna vez el pinchazo de algo que se te escapa?,¿quién no ha tenido alguna vez alguna obsesión fetiche?, “¿quién no ha volado alguna vez bajo los vientos de Neptuno?”
Un saludo al club,
Sandra, 24 de jul. de 12
Fred Vargas http://es.wikipedia.org/wiki/Fred_Vargas
domingo, 27 de mayo de 2012
Ella que todo lo tuvo
Ángela Becerra nació en Cali (Colombia), donde estudió Comunicación. Durante veinte años se dedicó a la creación publicitaria, y obtuvo numeroso premios internacionales. En el año 2000 y siendo vicepresidenta creativa de una de las agencias más relevantes de España, abandonó su exitosa carrera para dedicarse por entero a su pasión más profunda: la literatura. Su primera obra publicada fue Alma abierta (2001), un bello poemario que aborda los conflictos del ser humano en la madurez. De los amores negados (2003), su primera novela publicada, obtuvo el Latin Literary Award 2004 de la prestigiosa Feria del Libro de Chicago, y una calurosa acogida de la crítica y de los lectores de España y Latinoamérica. El penúltimo sueño (2005) la consagró como gran novelista. Con ella obtuvo el Premio Azorín de Novela 2005, el Premio al Mejor Libro Colombiano de Ficción 2005 y de nuevo el Latin Literary Award 2006. En 2007, Lo que le falta al tiempo también fue reconocida con el Latin Literary Award como mejor novela en las categorías de misterio y de sentimientos. Actualmente su obra está siendo traducida a una veintena de idiomas. Es columnista habitual del diario ADN. Ángela Becerra vive en Barcelona, donde está escribiendo su próxima novela.domingo, 22 de abril de 2012
Un Ángel impuro

Un Angel Impuro es un libro fácil y ameno de leer. La lectura resulta fluida y cómoda, sin que las estructuras gramaticales o el abuso de figuras literarias impidan el avance de la comprensión de la historia.
Un Angel Impuro se enmarca dentro de la serie que Mankell dedica a Africa. Concretamente es en Mozambique donde tiene fijada su residencia y que comparte con su Suecia natal. El registro por lo tanto es totalmente diferente a su novela negra. Yo he leído tanto alguno de sus libros de novela negra como de su serie de Africa. Sin duda, los primeros son mas complejos y elaborados, con personajes mucho mas elaborados y quizás donde la lectura no es tan fácil como en los de la serie de Africa.
Como con otros títulos de su serie africana, Mankell intenta poner de manifiesto la opresión que ha sufrido y sigue sufriendo como en "Tea Bag" el negro frente al blanco. Queda esto totalmente reflejado en el libro. Son los blancos los que viven con las mejores condiciones y tienen todos sus sirvientes negros por supuesto que aceptan esa situación ( solo existe un conato de revolución). Las negras son las únicas prostitutas, cuando Hanna la protagonista tiene un trato para ser la prostituta de alguien, finalmente no llega a mantener es relación. Los negros ven normal la situación a la que se ven sometidos, viviendo sus vidas y manteniendo sus tradiciones fuera del mundo de los blancos.
Hanna es la protagonista de la historia. Hanna es una chica hija de una familia muy pobre de un pueblo de Suecia donde la vida es muy dura. Tan dura que su madre se ve en la obligación de echarla de su casa para poder garantizar la supervivencia de sus hermanos.
Me ha gustado como Mankell ha descrito la vida en los duros inviernos suecos y ademas las duras circunstancias de vida del país a principios del siglo XX. Me ha conseguido transmitir las sensaciones de oscuridad, de frío y de miedo a lo desconocido por una muchacha totalmente inocente del mundo exterior a su pequeño pueblo. Sin embargo a lo largo del paso del tiempo, que no necesariamente es el paso de muchos años, Mankell consigue hacer crecer a Hanna.
En efecto desde que Hanna abandona Suecia hasta que se marcha de Lorenzo Marques ( actual Maputo) no pasan muchos meses. Sin embargo esa chica que bien podría se el ángel, por su inocencia, es también impura porque pasa a ser la dueña de un burdel. Esta claro que la connotación de los burdeles siempre ha sido de impureza ademas de ser uno de los negocios que a los ojos de la sociedad son denigrantes, sucios y no queridos, pero que como queda reflejado en el libro siguen siendo de lo mas rentable y lucrativo. Y es ahí donde pudiera estar la impureza de Hanna, el ángel.
Y al hilo de lo anterior, creo que el libro es una continua sucesión de contrarios, ya desde el propio titulo: ángel/impuro, blancos/negros, mentira/verdad, Suecia/Mozambique...
Si hubiera que dar un adjetivo calificativo a la narración para mi seria el de onírica. Es cierto que Mankell dice partir de un dato y hecho cierto que es el haber encontrado un diario de una sueca que llego a ser la gerente de un burdel. Pero a partir de ahí, si bien la historia es totalmente creíble en su parte sueca, va conduciéndose poco a poco a terrenos menos creíbles a medida que nos vamos acercando a la realidad africana. En esta realidad aparecen personajes oníricos, sin duda el mono Carlos elevado a la categoría de persona, o el hermano del señor Vaz, o las realidades mágicas de la cultura africana, o la aparición ya al final del libro y siempre misteriosa de Moises.
El libro también, habla de miedo, y de soledad. La soledad en la que siempre se encuentra Hanna a pesar de haberse casado dos veces. De pasión, si bien solo al final del libro cuando Hanna desea a Moises, o de amor. El amor que Hanna sintió por el marinero con el que se caso la primera vez cuya presencia ha aparecido en el libro en diversas ocasiones.
Sin embargo, la mayor critica negativa a la historia, para mi es la historia de Isabel. No entiendo porque se introduce esa cruzada de Hanna para la salvación de la misma, cuando en realidad el único contacto que tuvo con Isabel fue cuando la vio en la casa del señor Pimente. Creo que es una historia dentro de la historia que no encaja del todo con el hilo conductor principal. De igual forma tampoco me ha gustado como resuelve el autor el final del libro.
En resumen: Un Angel Impuro, no es el mejor libro de Mankell, pero ha conseguido recrear una historia ambientada en dos países muy diferentes, con caracteres muy distintos, consiguiendo que nos traslademos a los mismos en una lectura amena que consigue evadirte de tu cotidianidad para introducirte en un mundo con tinte oníricos.
Teseida García, 27 de mayo de 2012
jueves, 5 de abril de 2012
Rosa Candida

Rosa Cándida
Rosa Cándida, es un viaje en busca de una rosaleda en un monasterio y a la vez una búsqueda interior del personaje principal, Lobbi, que se va enfrentando a diversas cuestiones cotidianas como el amor, el propio cuerpo, la muerte y la paternidad. Se trata de un personaje fuera de los arquetipos masculinos que presenta rasgos de sensibilidad, que incluso para los suyos son poco corrientes. En ese viaje de Lobbi está omnipresente la madre que acaba de fallecer cuando el personaje inicia su viaje y que le acompaña tanto en su pensamiento como físicamente a través de unas rosas que pretende plantar en la rosaleda del monasterio a la que se dirige. De lectura fácil y escritura sencilla, cargada de emoción que va en aumento a medida que Lobbi empieza a conocerse, y sobre todo con la aparición de su hija por la que siente un enorme amor.
Beatriz, 18 de abril de 2012
sábado, 3 de marzo de 2012
La Lluvia antes de caer. Jonathan Coe

"La lluvia antes de caer" de Jonathan Coe es una novela organizada por una idea de composición, una historia de una madre y sus hijas que escuchan cintas gravadas de la tia Rosamond. Ella las gravó durante sus últimos meses de vida acerca de veinte fotos de su pasado. Este corsé rígido de estructura era típico de muchos autores del siglo diecinueve, les daba seguridad a ellos y a la vez a los lectores ante contenidos inquietantes o desagradables. Jonathan Coe sabe utilizar este principio de composición con mucha destreza.Desconozco sus otras obras, pero en la contraportada de nuestra edición se dice que él es famoso por sus "divertidas, espléndidas sátiras", y esta novela es absolutamente lo contrario. Aquí habla de desengaño, desesperación, desilusión, destrucción, todo envuelto en un manto de tristeza y melancolía. Es posible que el autor necesitara la armadura de planificación con una trama principal de veinte partes envuelta en una historia exterior para protegerse, para no perderse, pero también es un método fino para poder resumir una vida entera, la de Rosamond, en sus momentos claves.Rosamond pierde todo, a Rebecca, el gran amor de su vida, a Thea, la hija de Beatrix, por la que alberga sentimientos maternos, a Imogen que solo ve esporádicamente y contra la voluntad de su familia adoptiva y finalmente a su compañera Ruth. Ella misma nunca es la causante de estos sucesos, los padece.El climax de su vida, la felicidad mas grande, vive en los dos años junto a Rebecca y con Thea. Cuando están juntos en la playa Thea dice que su lluvia favorita es "la lluvia antes de caer" y explica que es así, porque esta lluvia no existe. Luego, más tarde, Rebecca lo aplica a su situación, la vida que llevan juntas. Dice, "No es de verdad" y después de esta frase el autor solo necesita una página y media para contar como Thea y Rebecca se van de allí, y para llegar a la conclusión de Rosamond, "Así me quedé completamente sola.""La lluvia antes de caer" no solo es el título de la novela, pero también su leitmotiv, el hilo conductor que atraviesa toda la historia, como en las novelas del siglo diecinueve, de las que hablé antes. La vida lleva a Rosamond de fracaso a fracaso, su relación con Beatrix, con Thea, con Rebecca, con Imogen, todas están destinadas a fracasar y a llevarle a la soledad absoluta.
Lo que le queda es gravar las cintas para que las escuchara Imogen. Cuando el lector se entera que esta esperanza también es "lluvia antes de caer", que Imogen está muerta y todo el esfuerzo de Rosamond es en vano, le llega un sentimiento de tristeza melancólica. La sobrina Gill que vive este sentimiento al oir del accidente de Imogen por Thea piensa por un momento que todo esto debe de tener algún significado, un mensaje escondido, pero este pensamiento se evapora ante los problemas de su hija Catherine que llamó por teléfono.Como siempre, al final queda la pregunta de cuales son las intenciones del autor con esta novela. Se pueden reconocer dos temas principales. El primero: La maldad de la madre de Beatrix, que se traspasa a la hija y de ella a la próxima generación, a Thea, que por un ataque de furia causa la ceguera de su hija Imogen. La causa de esta tragedia es la influencia negativa de los padres, y su entorno en los hijos. Cuando Thea está los dos años con Rosamond y Rebecca, es una niña buena y feliz. El cambio comienza con el retorno a la casa de su madre Beatrix. El segundo tema: La vida de una mujer lesbiana y sus problemas. Rosamond confiesa que las tres semanas de vacaciones en Francia con Rebecca y Thea fueron las más felices de su vida. Allí casi formaban una familia. Más tarde intenta sustituir Thea por su hija Imogen, pero fracasa también. Al final se queda sola, gravando en cintas, las lecciones que le había dado la vida, para que Imogen, de la que no sabia nada desde hace muchos años, supiera la historia de su familia y aprendiera a vivir mejor.Jonathan Coe no da soluciones a los problemas que describe, con ello nos hace meditar sobre la novela.
Stefan 4 de abril de 2012 20:18
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