Estimados amigos del Club Macondo, mi elección del libro “Travesuras de la niña mala”, de Mario Vargas Llosa, como lectura para este mes estuvo motivada por la creencia de que podía cumplir todos los condicionantes que me pedían. Tenía que escoger un libro bien escrito, no muy largo ni denso, de fácil y animada lectura y consideré que esta obra cumplía esos requisitos. Espero no haberme equivocado.Esta obra fue mi primer contacto con el autor, del que también leí “La fiesta del chivo”, de estilo completamente diferente, difícilmente comparable y tengo pendiente de acercarme a su última novela. De ambas lecturas sí que puedo concluir que es un gran literato y que probablemente ha sido merecida la obtención del Premio Nobel de Literatura.
Este libro creo que puede resumirse como un relato de la obsesión (amor/pasión/enfermedad) y como un retrato costumbrista de distintas ciudades durante la segunda mitad del siglo XX. También cuenta otras historias de personajes secundarios entre las que destacaría la de un hippie sudamericano en Londres.
Las dos veces que lo he leído ha logrado arrancarme las lágrimas de emoción la obsesión de Ricardito y la tierna maldad de la chilenita. Y, en ambas ocasiones, me he preguntado si no se trata en parte de una autobiografía del autor, sorprendiéndome su dominio y falta de pudor en las descripciones de escenas y gustos sexuales.
La novela esta compuesta de siete capítulos vertebrados por las idas y venidas de la chilenita. Sin embargo, el retrato en primera persona del autor, en la persona de Ricardo podría haberse dividido en tres partes, su infancia y adolescencia en Lima, el cumplimiento de su ilusión de vivir en París y la desilusión de una vida desarraigada, sin apego a nadie ni a nada, salvo su obsesión por la niña mala.
La historia comienza en Lima en los años 50 cuando el autor es un adolescente, conoce a la mujer que marca su vida y nacen sus sueños de una vida pequeño burguesa en otro país. Continúa en la ciudad de sus sueños, donde comienzan sus encuentros con la obsesión de su vida, se establece y adquiere un trabajo, el de traductor e interprete que condicionan su vida. El trabajo le permite acercarse a otras ciudades donde aparecen otros personajes secundarios que llenan su vida a ratitos y son escenario de sus encuentros pasionales con la niña mala. Finalmente, cuando parece que tras los muchos encuentros y desencuentros la relación finaliza a él le cambia la vida, sufre una enfermedad, pierde el trabajo principal, conoce a otra mujer y se traslada a Madrid. Tras ese capítulo que, considero podría haber sido el fin de la novela, reaparece la niña mala intentando redimir sus penas y compensar el dolor que había producido a Ricardo, dándole bienes materiales que le harán tener un fin de su vida más feliz.
La crítica coincide mayoritariamente en valorar que no se trata de una de sus mejores obras por la falta de credibilidad del relato, el desorden y falta de concreción de fechas, etc. pero para mí ha supuesto el encuentro con un gran autor y me parecen menores esos detalles.
Lourdes Quesada Díaz. Las Palmas de G. C. a 14 de diciembre de 2011
